(y me fuí a domir)

HABLANDO CON LA SOLEDAD
 
Escuché un golpe por la ventana y de pronto escuche esa inconfundible voz:
¿Te duele?, me preguntó la soledad
sí, me duele… le respondí en voz baja…(en voz baja porque me da verguenza gritarlo).
 
Me miró con lástima, me abrazó como tantas veces lo ha hecho y me dijo:
 llorá para que saques el último vacío que queda Orlando,
No puedo… le respondí con una tormenta en los ojos.
 
La miré fijamente y le dije: amar en soledad es como estar en un pozo sin fondo, no hay salida,
no respiras, no puedes gritar porque ahí nadie te escucha, ahí nadie te acompaña, ahí nadie te ama,
asi me siento cada vez que me abrazas.
 
¿Toma tiempo, no Orlando? Perdón por visitarte, me respondió.
 
(…nos quedamos callados…)
 
Me miró una vez más, pero está vez con ternura y me dijo: me gusta verte sonreír Orlando,
has uso de esa sonrisa, recuerda quién eres, jamás olvides eso,
de lo contrario, prometo volver a rondarte el corazón para preguntarte.
 
Entonces me incorporé, caminé hacia ella y finalmente le dije:
Las circunstacias son así, vienes de vez en cuando, pero vienes…
…vienes a recordarme de qué estoy hecho y por qué debo de ser fuerte;
mientras tanto, al menos por hoy dejame un momento a solas, es que duele…
…duele levantarme cada mañana y sumarle otro día, a ese último día.
 
¿Qué harás entonces?, me preguntó.
De momento me voy a dormir, porque ahí en mis sueños no siento nada.
(y me fuí a domir)
 
ORLANDO OSNAYA

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