Déjame agachar la mirada

No sé cómo empezar, es más… no sé ni qué decir, ni siquiera te he dado las buenas noches para comenzar plasmar mis emociones en este espacio lleno de números binarios, pero más que pensar en eso, ya he comenzando.

Desearía… (sí) desearía ser el que era antes, el de hace un año, justo el de hace un año, pero el tiempo tiembla con el recuerdo de mis emociones perdidas de aquella época… una época donde no tenía que tirar la mirada al suelo. Hoy frente a esa iglesia me dí cuenta que necesito… que realmente necesito levantar la mirada. Cómo es posible sentir tantas cosas, ver pasar temblar al tiempo y justo ahí bajo la tenue brisa de un invierno que se muere, me dí cuenta que necesito ser el que era antes.

¿Porqué sucedió todo esto? (venía dialogando conmigo mismo), dime por qué, mientras intentaba levantar la mirada una vez más, pero me limitaba la tremenda sensación que llevaba en el pecho y simplemente quería irme corriendo a esconderme en mi rincón.

Justo ahí, sentado a las puertas de esa iglesia me sentí tan incómodo conmigo mismo que no pude levantar la mirada, y una vez más me dí cuenta que el día que termine de realizarme, será el día que vuelva a ser el de antes, porque sin duda la he pasado muy bien, asi que… mientras tanto déjame agachar la mirada, ahora que ya estoy solo en el rincón de mi hogar mientras termina esta hermosa canción de Louis Amstrong, What a Wonderful World, que me recuerda las cosas bellas que la vida nos obsequia.

ORLANDO OSNAYA

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