Huracán Cósmico

Por fin se acabó el día, y con el un centenar de emociones que se dirigen al mismo punto, como si de Roma se tratara todos los caminos: hacia un vacío lleno de tristeza.

Ya es 14 de Agosto, pero él se marchó hace dos días, y aún puedo observar cómo se le fue la vida de las manos y es entonces que nace una nueva película que quedará marcada en mi memoria por siempre, como lo fue con la de ella, mi querida abuela.

Estuve ahí con la temible sensación y vacío incontrolado que ya casi era hora de su partida, sólo sabía que no debía dejarlo solo, su respiración agitada lo delataba, la mirada perdida, y la conciencia… la conciencia ya se estaba nublando de su ser cansado, invadido por el cáncer. No me di cuenta que en mi terrible desesperación por improvisar descaradamente mi dolor y por tratar de evadirlo, tenía en mi mente esa rola de la Dance Dance Revolution que estuve practicando ese día. Todo el tiempo sonaba en mi cabeza, mientras me movía hacia un lado y hacia otro pensando y gritando en mi interior: ¡¡ YA POR FAVOR!!

En mi terrible dolor, como si se tratara de un grito que salía del alma, le pedí al cosmos y a la vida misma que ya se lo llevará de aquí, que no sufriera, mientras seguía escuchando su respiración más y más débil. Y este ateo, este hombre que es ateo, tomó de su celular un salmo cristiano, lo leyó desde el fondo del alma con una voz cortada y devastada por el dolor mientras miraba a su tío moribundo en esa cama, y con esa MALDITA ROLA del DDR en su cabeza comenzó leyendo: “Jehová en mi pastro; nada me faltará…” y uno a uno los puntos fueron recitados, al final lo miré con una singular alegría mientras le decía: “no te aferres a la vida, nosotros vamos a estar bien, tu esposa Esperanza va a estar bien, puedes irte en paz que nosotros la cuidaremos por tí” Soltó un HORRIBLE suspiro letargado, y sabía que había llegado el momento, ahí estaba yo con él viendo como su vida se había apagado mientras esa rola seguía sonando tan duro y fuerte en mi cabeza y entonces me quebré y todo terminó. Esto es la vida, y un huracán cósmico de emociones resonó por todo mi cuerpo mientras lloraba incontrolado y devastado, pero al mismo tiempo agradecía haber sido parte de su vida, mientras me daba las gracias por haber sentido tanto dolor, pero que era hora de despedirlo. Y así fue… todo terminó.

¿Y qué puedo decir al respecto?  que nunca he estado preparado para recibir tan cerca a la muerte y aunque me sentía preparado para lo inevitable, indudablemente tuve que enfrentarla de cara nuevamente. Sólo resta decir que la sensación más horrible de la vida es estar ahí cuando un ser amado, apaga su luz.

Gracias tío Simón, por tanto de ti y tantos años a tu lado, siempre estarás en mi corazón, mi pato.

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ORLANDO OSNAYA

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